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Instrucciones: Responde las siguientes preguntas.
Identifique la conclusión del siguiente texto.
Los dragones del Edén
Debido a la creencia generalizada (al menos entre los guardianes de los zoológicos) de que los chimpancés adultos son demasiado peligrosos para residir en un hogar o medio similar tras alcanzar la pubertad, Washoe y otros chimpancés que habían llegado a un notable dominio del lenguaje fueron retirados de las casas en que se encontraban sin que ellos lo solicitaran. He aquí la razón de que no tengamos datos consistentes sobre las facultades de expresión de los monos y simios adultos. Una de las cuestiones más interesantes sería saber si una hembra de chimpancé dotada de aptitudes para la expresión verbal podría transmitirlas a su descendencia. Parece muy probable que así sea, y que una comunidad de chimpancés inicialmente facultada en el terreno del lenguaje por señas esté en condiciones de transmitir el lenguaje gestual a otras generaciones.
Carl Sagan
Identifique el hecho histórico más relevante del texto.
La tierra de Canaán
Amílcar Barca habría sido el más grande guerrero cartaginés de la historia si no hubiese existido su hijo, pues Aníbal lo superó totalmente. Se trata del caso de un padre notable seguido por un hijo más notable aún, combinación sin par en la historia con excepción de Filipo de Macedonia y su hijo Alejandro Magno.
Aníbal demostró ser el más grande conductor de ejércitos que haya dado cualquier de los pueblos que podían hacer remontar sus antepasados a la vieja tierra de Canaán. No era solo que fuese un genio militar de primer orden -pocos en la historia lo igualaron y ninguno, quizá, lo superó (ni siquiera Alejandro)-, sino que tenía también el don de conquistar el amor de sus soldados. Vestía y vivía como un oficial corriente; era valiente en la batalla, afrontaba fríamente los peligros y era capaz de resistir sin quejarse todas las privaciones de una dura campaña. Formó un ejército con los grupos más dispares, unidos solamente por su liderazgo, los condujo durante años a través de victorias y penurias, y nunca, en ningún momento, hubo el más leve asomo de rebelión contra él.
Isaac Asimov
Lea el texto y responda.
Los murciélagos, ¿héroes o villanos?
En el siglo XIX y principios del XX, las grandes explotaciones (ranchos, estancias) de bovinos de Argentina, Brasil, México, Perú y Venezuela sufrían la pérdida de animales por una enfermedad que en Brasil llamaban peste das cadeiras, en México derriengue o derrengadera, y con otros nombres en distintos lugares. Los animales afectados por esta enfermedad fatal presentaban signos nerviosos como agitación, parálisis de los miembros posteriores que evolucionaba a parálisis generalizada, dificultad para respirar y deglutir, y respuesta exagerada a estímulos externos como luz, sonido, etcétera.
Sin embargo, en aquella época no se conocía el origen de esta enfermedad. No fue sino hasta los años treinta del siglo XX que los estudios de investigadores latinoamericanos como Queiros Lima (1934), de Brasil, demostraron fehacientemente que esta enfermedad, que diezma al ganado, no era otra sino la rabia, conocida hace milenios en el antiguo continente, pero que en este caso era transmitida por murciélagos hematófagos, además de perros, lobos o zorros.
En México, entre 1944 y 1945, el doctor Téllez Girón (1944) demostró que la enfermedad, conocida también en nuestro país con los nombres de huila, tronchado o renguera (dependiendo de la región) era igual a la peste das cadeiras del Brasil, y que correspondía a la rabia ancestral, como había descrito Queiros Lima. ¿Quién iba a decir en aquellas épocas que actualmente, en los albores del siglo XXI, contamos con evidencias de que la rabia tiene su origen precisamente en los murciélagos, y que de ahí pasó a los carnívoros terrestres, los animales que se describieron primero como la raíz de este mal?
Álvaro Aguilar Setién y Nidia Aréchiga
Identifique la conclusión del texto.
Lea el poema y responda.
Soneto
Miré los muros de la patria mía, si un tiempo fuertes ya desmoronados, de la carrera de la edad cansados, por quien caduca ya su valentía. Salime al campo. Vi que el sol bebíalos arroyos del hielo desatados, y del monte quejosos los ganados, que con sombras hurtó su luz al día. Entré en mi casa. Vi que, amancillada, de anciana habitación era despojos;mi báculo, más corvo y menos fuerte. Vencida de la edad sentí mi espada, y no hallé cosa en que poner los ojos que no fuese recuerdo de la muerte.
Francisco de Quevedo
¿Cuál es la conclusión del poema de Francisco de Quevedo?
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